Formación de una cultura popular urbana
Comenzaron a formarse los barrios porteños, algunos de forma instantánea a lo largo de las vías del tranvía o de las avenidas, otros alrededor de centros económicos (el puerto, mercados, mataderos) o de atracción (jardines zoológico y botánico)
En los barrios se popularizo el fútbol, y aumento el público que concurría a las canchas.
Una de las instituciones que se convierte en favorita como punto de reunión a lo largo del siglo XIX y a comienzos del siglo XX, es el café, donde se juntan los parroquianos para charlar, hacer negocios y arreglar el país. Allí, representantes de la bohemia intelectual encuentran su lugar para compartir y ser reconocidos por sus pares. De los que quedan en pie, el más reconocido es el café Tortoni, sobre avenida de mayo, que congrego a gente de letras, artistas y músicos, entre ellos a Carlos Gardel.
El tango
Desde los primeros años del siglo XX se fue afianzando una música ciudadana, el tango.
Surgido de la mezcla de varios ritmos como el candombe y la habanera, fue tocado al principio en los bailables de arrabal, alternando con valses, polcas y mazurcas.
El tango no era muy bien recibido en la alta sociedad. Prohibido inicialmente por la santa sede por obsceno y sensual, fue aceptado después de una demostración ante el papa y alcanza su reconocimiento en Europa. Ingreso de a poco en las casa porteñas de la buena sociedad.
El tango como forma de protesta
En la década de 1920 se difunde el tango-canción y encuentra verdaderos poetas que les dan calidad a las letras, como Enrique Santos Discépolo, Cátulo Castillo y Homero Manzi, entre otros.
Enrique Santos Discépolo, se destaco por su tango de denuncia social "cambalache" (1934)
A continuación la letra:
Que el mundo fue y será
una porquería, ya lo sé.
En el quinientos seis
y en el dos mil, también.
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
barones y dublés.
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo
todos manoseados.
Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador...
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón,
los ignorantes nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, Rey de Bastos,
caradura o polizón.
¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
Cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón...
Mezclao con Stravisky
va Don Bosco y La Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
junto a un calefón.
Siglo veinte, cambalache
problemático y febril...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
¡Dale, nomás...!
¡Dale, que va...!
¡Que allá en el Horno
nos vamo'a encontrar...!
No pienses más; sentate a un lao,
que ha nadie importa si naciste honrao...
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley...
El paradigma de la relación entre el tango y la política es, indudablemente, el tango "Cambalache" en el que Discepolo describió admirablemente la corrupción de la "década infame". "Cambalache" tuvo el singular privilegio de haber sido prohibido por todas las dictaduras a partir de la de 1943.

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